Francisco Sánchez Varela: “Pasarán cientos de años, hasta que aparezca un guitarrista que se iguale a la calidad y visión de Paco de Lucía”

Sin lugar a dudas, Paco de Lucía es una de las figuras más importantes del flamenco, un genio de la guitarra y un algecireño orgulloso de su tierra. En su legado, no sólo ha dejado una obra magnífica, también unos hijos maravillosos y orgullosísimos de quién fue su padre. En El Estrecho Magazine hablamos con su hijo Francisco Sánchez Varela un gran director cinematográfico que nos habla sobre su padre, su vida y su obra.

Pregunta: ¿Cómo es Curro Sánchez?

Respuesta: Una persona tímida, reservada, muy de hacer planes con su círculo más cerrado. Con una enorme obsesión por el cine y por todo lo que es audiovisual y, por supuesto, por todo el legado musical flamenco de su familia.

P: ¿Qué significa ser el hijo del gran maestro Paco de Lucía?

R: Llevar a los hombros el orgullo máximo de poner presumir de que tu mayor ídolo es tu padre, y poder combinar ambos conceptos: el de admirar tanto a un personaje y a la vez sentir el mayor orgullo de saber que es tu progenitor.

P: ¿Cómo ha sido su niñez?

R: Fue feliz. Una infancia llena de momentos extraordinarios en los cuales hay muchos personajes, uno de los principales es mi padre.

P: ¿Qué recuerdos tiene de pasear con su padre por Algeciras?

R: Algeciras para mi padre cuando íbamos juntos era sobre todo la zona del Rinconcillo. Ahí es donde toda la familia pasábamos los veranos, en especial mi padre, mi tío Pepe, mi tío Antonio y mi prima Malú. Las veces que fui a Algeciras, el Rinconcillo era donde estábamos en familia, donde se celebraban las fiestas flamencas, donde comíamos y celebrábamos el poder pasar unos días todos juntos.

“Desde mi niñez no toco una guitarra”

P: ¿Cómo era Paco de Lucía como padre y en las relaciones familiares?

R: Una persona muy tolerante. Sabía escuchar, buen consejero, nada dogmático, nada dominante. Era una persona que nos dejaba aprender a mis hermanos y a mí en base a las experiencias que fuéramos viviendo, sin imponernos cuáles eran las grandes verdades de la vida.

P: ¿Cuáles son sus recuerdos más bonitos vividos juntos?

R: Las vacaciones. Los veranos que pasábamos juntos mi madre, mis hermanas, mi padre y yo en Playa del Carmen. La mayoría de los días era estar en alta mar en su barquito, tirándonos a hacer buceo y snorkel mientras él pescaba todo tipo de peces que luego preparábamos por la tarde para comérnoslo.

P: ¿Toca usted también la guitarra?

R: No es mi caso. Pasarán muchos años, incluso cientos de años, hasta que aparezca un guitarrista que se iguale a la calidad y la visión de Paco de Lucía. De hecho, soy un gran aficionado a su música y al flamenco, pero si he de ser sincero, desde mi niñez, no toco una guitarra.

P: Háblenos de la música en su casa, ¿cómo se vivía?

R: Era el trabajo diario de mi padre, su labor cotidiana. La vivíamos como algo bastante rutinario. Él todos los días tenía que ensayar las manos, afinar las guitarras, tenía que prepararse para algún disco o alguna gira. Era algo que estaba ahí, la banda sonora de la familia. Como anécdota, mi padre siempre ensayaba con una servilleta en los trastes para no emitir sonido alguno, y así mantener la paz familiar sin que hubiera grandes estridencias con el ruido de las guitarras.

P: Camarón llegó a ser un gran amigo de su padre, ¿lo trató usted personalmente?

R: Fue un gran amigo de mi padre y un gran colaborador artístico de él. Las pocas imágenes que recuerdo en la cabeza de Camarón son de cuando era muy niño. Solo tenía 8 años cuando falleció. Pero sí que lo recuerdo subiendo las escaleras desde el estudio de la casa de Mira Sierra para despedirse de mi madre, o jugar conmigo brevemente.

P: Cuando Paco de Lucía se marchó no sólo se fue su padre, lo hizo un grande del flamenco. En Algeciras no cabía un alfiler para darle el último adiós, ¿cómo vivió ese momento?

R: Cuando algo tan dramático como la pérdida de un padre ocurre de una forma tan inesperada, la reacción es estar completamente fuera de ti mismo. Creo que esos momentos los viví más como si estuviese embriagado. Como si estuviera en un tipo de sueño transitorio. No tenía la cabeza muy afinada en ese momento. El dolor era demasiado grande como para poder afinar con claridad lo que estaba ocurriendo en esas horas.

“No tengo más que palabras de agradecimiento para explicar lo que ocurrió ese día en el que enterramos a mi padre” 

R: A posteriori, analizando todo lo que hizo el pueblo de Algeciras con mi padre, viendo cómo se volcó el alcalde de la ciudad, la gente, toda la población, además en un día en el que había una lluvia tremenda y fuertes vientos, no tengo más que palabras de agradecimiento para explicar lo que ocurrió ese día en el que enterramos a mi padre.  

P: Tras el fallecimiento de Paco de Lucía, terminó el documental sobre su figura, ¿cuánto tiempo le costó grabarlo? 

R: El rodaje del documental nos llevó dos años y medios casi tres. Luego, entre que falleció mi padre y nos volvimos a centrar en la sala de edición para terminar el proyecto, casi un año más. En total nos llevó aproximadamente cuatro años. Fue un proceso muy intenso, porque abordar una figura tan grande como la de Paco de Lucía siempre produce estremecimiento. Y si encima añades el fallecimiento del personaje, siendo este mismo el padre del director, y sin saber si vas a tener un final claro y si vas a terminar la obra por el dolor que te ha producido, pues se convierte en una experiencia muy intensa. Estoy muy agradecido de haberlo terminado, y del resultado que obtuvo. 

P: ¿Qué acogida tuvo el documental sobre Paco de Lucía?

R: Todo el feedback que he tenido del documental ha sido positivo. Lleno de emoción, cargado de señas de cariño y respeto por el personaje. Me imagino que en esta situación la gente tampoco te va a decir lo que les parece mal, aunque hay gente muy franca. Pero tuve la suerte de que prácticamente el 99% de las cosas que escuché acerca del proyecto son muy emocionantes y muy positivas.

P: ¿Hasta qué punto se involucró su padre en la grabación del documental?

R: Mi padre empezó por mirar el documental con reticencia. En los primeros dos años no sabía muy bien en qué andaba yo metido y qué quería llegar a conseguir realmente, cuando ya se habían hecho otros documentales sobre su figura y otras obras bibliográficas. Al ver la primera parte, unos 45 minutos montando, se entusiasmó mucho con el proyecto y empezó a involucrase de tal manera que llegado a un punto podríamos decir que él era codirector del proyecto.

“Ser hijo de Paco de Lucía ha influido, ha abierto puertas, ha cerrado puertas y ha dejado algunas otras entornadas”

P: ¿Sentía y siente el calor de los Algecireños hacia el maestro?

R: Siempre sientes el calor de los algecireños cuando hablan de mi padre o hacen mención a su música, o cuando te sientas con un buen aficionado algecireño y habla sobre la música flamenca del Capo de Gibraltar. Todas las palabras de cualquier algecireño con respecto a estos temas siempre van impregnadas de cariño.

P: ¿Le ha abierto las puertas ser el hijo de Paco de Lucía?

R: Ser hijo de Paco de Lucía es una responsabilidad enorme. Tienes que estar a la altura del personaje, del padre que te ha tocado tener y encima, si te dedicas a algo como es el mundo del audiovisual, del cine, del documenta, quieres que todo lo que hagas por lo menos esté a la altura del respeto de tu progenitor. No digo a la altura de su obra porque eso sería imposible. Pero sí a una cierta altura en la que tienes su aprobación y su respeto. Ser hijo de Paco de Lucía ha influido, ha abierto puertas, ha cerrado puertas y ha dejado algunas otras entornadas.

P: ¿Se considera algecireño de alguna forma?

R: Sí que me siento algecireño y gaditano de alguna forma. Algecireño especialmente desde el día del entierro de mi padre. Ahí se giró una tuerca, algo ocurrió que hizo que me sintiera más cercano al pueblo de Algeciras, a la gente de esta región. Cuando terminé el documental y tuve que volver en junio a esta ciudad a rodar unas escenas finales, ya veía esta ciudad del Estrecho de otra manera, la sentía más mía.

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