Pepe Marín: “Tengo varios mundos y todos en uno”

Solo necesita una cámara a cuestas, un billete de avión y millones de ideas en la cabeza para contarnos todo lo que se propone. Es periodista y productor audiovisual y lleva Algeciras y el Campo de Gibraltar allá donde va. 

Pepe Marín comenzó a fraguar su profesión en la televisión local, pasando más tarde a la Cadena Ser, El Mundo, Canal Sur Televisión y La Sexta, entre otros, para llegar a ser lo que hoy en día es, un gran productor audiovisual que nos enseña los fogones del mundo entero en Canal Cocina. Además, ha recibido diferentes galardones por trabajos impecables en los que ha mostrado alguna de las realidades más duras, como es el tema de la inmigración ilegal. En El Estrecho Magazine hemos querido que nos cuente su historia de primera mano.

Pepe Marín se define como un “Juan Palomo”, todo lo hace usted mismo.

Así es. Podría decirse que soy un multitasker, que es como los americanos definen a la persona que lo hace todo. Desde la preproducción, el diseño de los contenidos, la grabación, la edición incluso la postproducción musical. Es muy bonito, llevo años haciendo eso. Sigo buscando más multitaskers por ahí y es difícil de encontrarlo.

¿Cómo se definiría?

Una persona obsesionada por su trabajo. Es la proa de mi vida, siempre tengo un rumbo nuevo. Todo lo demás va detrás. De hecho, no es fácil ser una persona que durante un tiempo es un viajero, otra parte del año está encerrado en un despacho remando con un ordenador y otra parte del año está pensando en lo que va a hacer. Es complicado. Soy complicado, pero sencillo al mismo tiempo. Es difícil definirme a mí mismo, estoy en todas partes… Tengo varias casas, varios mundos y todos en uno.

Algecireño de pura cepa, ¿cómo era la Algeciras de su infancia?

Barrio de San Isidro, muy pocos coches, niños jugando llenos de churretes, Plaza de Andalucía, mucha calle. Me crié en una España de transición de finales de los setenta donde, hasta hoy, ha habido una evolución un poco loca, porque los tiempos han cambiado muchísimo. De hecho, pasé de lo analógico a lo digital. Una Algeciras muy hermosa y una niñez maravillosa.

Comenzó su andadura televisiva participando en spots publicitarios para la cadena local, háblenos de esos inicios.

Mi primera experiencia con 18 años fue en la televisión local, la antigua Televisión Algeciras, donde nadie cobraba y éramos un montón de niños con menos de 20 años a los que se nos permitía jugar con aparatos carísimos. Esa fue mi primera escuela. Ahí fue donde el mundo se me ilumina y me doy cuenta de lo que quiero ser. Poder jugar con cámaras, grabar, diseñar decorados…Todo puramente amateur. Ni siquiera habían llegado las televisiones privadas. Aprendimos televisión por pura intuición y la fuimos madurando. Ese parque de juegos que fue esa televisión, para mí, fue la simiente de lo que al cabo de 25 años acabé siendo.

Más tarde programas de música, luego la Cadena Ser, El Mundo, Telecinco, Andalucía Directo en Canal Sur Televisión, Globomedia y ahora Canal Cocina. Lo que estaba claro es que quería dedicarse a la televisión.

La televisión para mí, si vemos todos los medios de comunicación o todas las formas de expresarse a la hora de contar alguien una historia, me parece lo más completo. La radio es maravillosa e inmediata, el periódico te permite madurar todo lo que vas a contar, pero la televisión tiene que contener imágenes, sin ellas no existes y hay mucho sentimiento. Una imagen a veces vale más que mil palabras y eso la televisión lo aúna.

¿Se puede decir que Pepe Marín es autodidacta?

Absolutamente, repito, absolutamente. Aunque aprendí de muchos y muy buenos compañeros, el afán de entender todo este mundo de la comunicación me vino cogiendo un poco de cada cosa. Lo mejor de la radio, lo mejor de la prensa escrita y lo mejor de la televisión, hasta entender que quería producirlo yo todo al mismo tiempo. No es una cuestión de agonía, de querer abarcarlo todo, es que es mucho más fácil contar lo que quieres contar verdaderamente, y el trabajo a posteriori es más sencillo. Cuando hago una entrevista a alguien sé cómo lo grabé, sé los planos que tengo, sé lo que falló, sé cómo lo querría coger. Cuando grabas con un cámara y montas con un editor hay tres personas en un mismo proceso. Tiene que salir de tu cabeza hacia tu boca la orden que quieres hacer para que otra persona, por el oído, lo interprete con su cerebro y lo ejecute con sus manos. Todos esos procesos se eliminan con mi forma de trabajar, con lo cual es mucho más rápido y más eficiente.

Sé lo que quiero contar desde la preproducción. Cuando voy a una ciudad y estoy una semana y veo los protagonistas, voy haciendo un balance. Comienzo a pensar a quién le voy a dar más peso, qué es lo que quiero enseñar y eso lo hablo conmigo mismo, ni siquiera lo manifiesto. Todas esas reuniones, que serían coherentes en un equipo de producción amplio, en mi cabeza se producen por impulso que ni siquiera yo sé de dónde vienen.

Quizás uno de los momentos más duros que haya vivido en su carrera fuera la detención por parte de la policía gibraltareña ¿qué sintió en ese momento?

Tuve miedo y angustia.  Greenpeace nos convocó para hacer una simple protesta poniendo una bandera en un buque monocasco, justo después del Prestige. Querían poner la bandera y nada más. Los medios teníamos que grabar, acompañándolos en las lanchas, pero Gibraltar, jugando su papel, quiso impedir que entráramos en sus aguas. Aquello se convirtió en un tira y afloja, nadie cedió y la policía gibraltareña decidió interrumpir nuestra marcha a golpes. Cada uno jugó su papel, pero en medio estábamos los periodistas y eso pudo haber costado muy caro.

Mi lancha quedó desencajada por uno de los golpes que se produjo a menos de un metro de donde yo estaba sentado. Si llego a estar un poco más atrás, lo mismo se produce una escena donde espachurran a gente. Años más tarde de que pasara aquello, me encontraba en un viaje de placer en Aruba y llevando una lancha rápida me entró angustia al ver la espuma del mar. Algo había quedado en mi cabeza de la cantidad de espuma que se movió en aquella bacanal. Los momentos duros donde temes por tu vida se quedan en algún lugar.

Supe reconocer perfectamente que aquello regresaba. No tengo ningún miedo al agua y adoro Gibraltar, donde tengo muchísimos amigos. Nunca dejaré de adorar el Peñón.

Su trabajo para el periódico El Mundo, “La Hija del sueño europeo”, consiguió un galardón a nivel nacional. ¿Qué significó ese momento para Pepe Marín?

Es muy emocionante. Tenía 28 años y que la Casa Real te dé un reconocimiento de ese tipo, en Madrid, con el ministro de Trabajo, es un subidón. “La Hija del sueño europeo” es la historia de Fátima Sadiqi que era una inmigrante marroquí que llegó en una patera. Tuve la oportunidad de asistir al momento en el que la Guardia Civil interviene esa patera, de madera, en medio de la noche y estuve ahí para contarlo. Seguí la trayectoria de Fátima y nace su hija Sora, quién es a la que yo denomino la hija del sueño europeo. Esa trilogía de reportajes en El Mundo es lo que hace que la Infanta Cristina me dé la mención de honor de la VII Edición Iberoamericana de los Premios de Periodismo del Instituto de las Migraciones y Servicios Sociales. Todo el mundo necesita reafirmase en su oficio, pero cuando te lo van premiando periódicamente, como ha sido afortunadamente mi caso, es la gasolina perfecta para seguir adelante.

El documental Azadón le introduce de lleno en el mundo audiovisual, fue su bautismo como realizador, consiguiendo siete premios en diferentes países, ¿cómo se produce ese salto?

De mis experiencias con la inmigración ilegal nace Azadón que se rueda con muchos medios en España, Marruecos y Jaén. Cruzamos el Estrecho en una patera y utilizamos zeppelin (no había drones), cámaras subacuáticas y una gran cantidad de gente implicada que lo hizo muy grande. Eso me abre la puerta de Globomedia en Madrid, porque pedían reporteros que hicieran trabajos sin utilizar la voz y a partir de ahí, y de muchos otros factores, nace mi trayectoria en Madrid.

Y llegó su primera vuelta al mundo, cuéntenos su llegada a Canal Cocina.

Comienzo a hacer cosas con Canal Cocina, porque veo que es muy interesante convertirme en productor, precisamente porque era muy ventajoso. Eran tarifas estándar hechas para que puedan hacer la serie entre varias personas. Decidí aventurarme a ser un productor total, un “Juan Palomo”, y me fue muy bien, me resultó muy rentable y muy satisfactorio.  El objetivo del programa es poner en valor la cocina del mundo con acento español.

¿Existe conexión entre las cocinas hispanas?

Claro, porque hay un intercambio brutal tanto cultural como gastronómico que nos hace ser más ricos que nadie. Creo que la gastronomía latinoamericana, la fusión entre los españoles y los latinos, tiene todo lo que necesitamos, somos totalmente autónomos. Y además, hemos recibido la influencia de otras culturas: la cocina peruana tiene influencia de Japón, los argentinos tienen influencia italiana… Somos un crisol de mil millones de sabores, pero los latinos lo interpretamos en su mayor exponente porque adoramos comer.

Y después de la primera, vino la segunda y la tercera.

La segunda vuelta al mundo la hice en 2012 y la tercera en 2016. El formato de ese programa lo propuse y se convirtió en una franquicia para mi sorpresa, porque no sólo fue un programa para Canal Cocina, sino que después este canal fue absorbido por AMC Networks, que tiene un hermano mayor que es el Gourmet en Latinoamérica, así me proponen hacer este formato en esa parte del mundo. Eso supone 40 países a sumar a esta locura y que el formato se afiance. Llevo casi 100 capítulos de viajes por el planeta con cocineros hispanoparlantes.

¿Cómo nace ese proyecto?

Ya había creado varios formatos, pero este fue por un azar muy divertido. Dos amigos de aquí, que trabajan en televisión, José Antonio Pelayo y Juan Francisco Aguilera, que son amigos míos de toda la vida, me llamaron un día retándome a ver si podía escaparme y hacer una entrevista a un algecireño que había en Londres. En ese momento entendí que mi próximo proyecto podía ser viajar por el mundo, no sólo para entrevistar a algecireños, que lo hice, sino que podía convertirlo en una forma de hacer televisión, ofreciendo culturas gastronómicas de otros países.

¿Funciona bien Canal Cocina?

Funciona muy bien, es un canal muy sano, de una grandísima corporación que entiende muy bien la televisión actual y hacia dónde va. Es televisión de autor. Mientras las grandes cadenas se desinflan, la televisión de autor cada vez goza de mejor salud, porque cuando vienen tiempos como estos es mejor saber hacer muy bien un traje a medida que intentar hacer una fábrica para vender muchos, porque se puede caer el negocio.

En este caso, ese formato conmigo va muy bien.

¿Cómo es la experiencia gastronómica desde el periodismo?

Tiene muchos puntos de vista, porque tú estás pendiente de lo que estás grabando, por lo que comer es lo último, pero acabas comiendo. Cuando tienes todo el trabajo hecho y has tenido la suerte de que la gente es estupenda y te abre las puertas de su casa, pues disfrutas muchísimo. Aprendes de otras culturas a una velocidad enorme, porque te las cuenta en un idioma que entiendes bien. Toda esa velocidad y esa locura te hace aprender mucho y disfrutar mucho.

¿Lo más raro que has visto?

Murciélagos en Seychelles, pulpo crudo en Corea, que te lo comes moviéndose, o cucarachas en Bangkok que te las comes prácticamente crudas en un mercado nocturno.

El proyecto “De Puerto en Puerto”, como no podía ser de otra forma, comenzó desde su tierra, Algeciras.

Por supuesto, no llegamos a Estambul porque no era el plan, pero hicimos cada una de las millas de la costa española, incluyendo Ceuta, Melilla y las Baleares. Un proyecto indefinible. Fui feliz, no se puede describir la enorme suerte que es ir navegando toda la costa e ir picando de sitio en sitio, vivir dentro de un barco, y tener un marinero como Juan Leiva, “El Lobo”, de aquí de Algeciras, que cuando lo hicieron se rompió el molde.  Solo hay una persona que se puede parecer a él y es mi patrón del norte, Isidro, que me acompañó cuando hicimos el Cantábrico. Ambos tienen barba blanca, marineros de los que cuando pasen 30 años ya no quedan.

¿Cómo fue la experiencia gastronómicamente hablando?

Muy rica, porque incluso aprendes los diferentes nombres que tienen los pescados. Solo desplazándote 100 o 200 kilómetros te encuentras una manera diferente de llamar al San Pedro o al Rape, y todo eso te permite tener una visión muy amplia de la enorme gastronomía marinera de nuestro país. El grandísimo producto de Galicia, las elaboraciones tan ricas del País Vasco, las gambas del Mediterráneo, es imposible abarcarlo.

Ha viajado, ha conocido diferentes culturas, estilos de vidas, gastronomías, ¿tiene algo que envidiar la cocina española a la del resto del mundo?

No, rotundamente. España tiene un equilibro maravilloso. Una gran calidad del producto, muy poca agresión al producto, y además los españoles adoramos la ceremonia de la comida. Eso no se hace en otros países donde la gente simplemente se alimenta. Tenemos, junto a países como Italia, Grecia o Francia, una adoración por la comida y eso nos hace absolutamente los mejores. Además, nuestro clima, nuestro carácter, especialmente en Andalucía, nos hace ser envidiados por cualquiera.

La comarca del Campo de Gibraltar es muy rica gastronómicamente hablando, usted la ha vivido y la ha contado.

Así es, esta Comarca es muy rica y dentro de ella hay muchas comarcas. No podemos comparar comer en Tarifa en un chiringuito con todo ese paraíso natural a comer en Sotogrande, que es otro paraíso, pero con otro enfoque distinto, más parecido a la Costa del Sol. Dentro de esta comarca hay muchos mundos, pero todos ellos son generosos, amables, honestos, se come muy bien y hay de todo. La provincia de Cádiz, en general, tiene todo lo que necesitamos. Podría hundirse el mundo y nosotros poder comer de todo.

Además de probar manjares exquisitos, ¿qué es lo mejor de su profesión?

La gente, por encima de todo. Por poner un ejemplo, mi Facebook produce 24 horas al día. Me puedo despertar a las tres de la mañana y tener algo escrito de alguien, porque siempre hay alguien despierto en cualquier lugar del mundo. Todos esos son amigos, y muchos de ellos amigos de verdad. Creo que tengo un sofá en 40 o 50 países esperándome para cuando lo necesite.

¿Y lo peor?

Las terminales y el jet lag. Las eternas colas, las inmigraciones, tener que hacer una maleta de 10 kilos y llevar tu casa a cuesta con lo mínimo, que se convierte en lo máximo, porque cuando viajas mucho te das cuenta que necesitas muy pocas cosas. Y tengo una sensación muy curiosa, desde hace bastante tiempo, ya no me siento de viaje cuando estoy en cualquier lugar.

¿Se siente en casa?

¿Qué es casa? No me siento desplazado ni extraño. Es una consecuencia, pero sencillamente mi oficina es cualquier lugar, por lo que estoy trabajando. Dentro de mi trabajo intento disfrutar, así que estoy viviendo en cualquier lugar.

¿Cuándo descansa?

Nunca.

¿Qué ha aprendido durante sus viajes?

Pararme a oler las flores, que es algo que antes no hacía. Me lo enseñaron, me dijeron “contempla, disfruta, para, paladea el momento que puede que no vuelva”. Así que muchas veces me paro, reseteo y miro, y me guardo todo eso que está ya en un conjunto de memorias que algún día verán la luz. Me quedo con la gente, por encima de todo, la comida también, pero no deja de ser la excusa. He aprendido a disfrutar de cada paso, y doy gracias a Dios por la fortuna que tengo al tener un trabajo como este.

Su plato favorito.

Cebiche. Obviamente echo de menos el pescaito frito de aquí, porque eso va en nuestro ADN, pero me encanta el cebiche peruano y lo cocino también. Por cierto, no sé cocinar, solo hago cuatro cosas. La gente se sorprende cuando digo esto, porque he estado en los mejores restaurantes del planeta.

¿Qué está cocinando ahora?

No lo puedo contar, porque está en proceso, pero es muy divertido y muy iniciático. Y tiene que ver con la exploración.

¿Sigue contando la apasionante historia de esta comarca?

Nunca dejaré de hacerlo. Cuando puedo, a través de un reportaje, cuando no, lo hago contándoles a todos los amigos del mundo cómo es el lugar del que soy, del que me siento muy orgulloso. Me he encontrado algecireños por muchos lugares, de hecho, hemos hecho “minipatrias” por ahí.

¿Echa de menos su tierra?

No porque voy y vengo. Estoy entre Algeciras, Madrid y algún lugar. Siento Algeciras muy cerca y procuro que esté cerca.

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