Adela, Pili y Cinti, “Ayudando a Algeciras”

Algeciras, como capital del Campo de Gibraltar, es una de las ciudades más grandes de la comarca; sin embargo, para grande, para enorme, es la solidaridad sin límites de muchos algecireños. Adela, Pili y Cinti son ejemplo de ello.

Estas tres algecireñas son las responsables de ‘Ayuda Algeciras’. Un movimiento que surgió espontáneamente y que ya ha reunido a más de cinco mil seguidores en Redes Sociales. Este grupo, con el propósito de construir un punto de encuentro entre donantes y donatarios, recoge ropa y otros enseres para los más necesitados.

Este ilusionante proyecto comenzó de manera particular hace tres años: “nos iban trayendo ropita o bien íbamos nosotras a recogerla, la preparábamos cada una en nuestras casas y por Internet avisábamos de lo que nos llegaba para quien lo necesitase. Luego la llevábamos en coche donde hiciera falta, era una especie de servicio a domicilio de ropa para gente necesitada”, nos explica Adela.

Sin embargo, en estos últimos años, el proyecto ha crecido a un ritmo imparable. Así, estas tres madres solidarias se han visto obligadas a desplazarse hasta un local, que una vecina les ha cedido altruistamente.

“Empezamos compartiendo en Facebook la ropita que nos traían amigos y vecinos y con el boca a boca esto fue creciendo. Cuando nos vinimos a dar cuenta teníamos una cantidad de cajas de ropa en casa que no podíamos con ellas. En ese momento fuimos conscientes de que se nos había ido de las manos. Así que pedimos ayuda y nos ofrecieron este local. Y ahora mira, en lo que se ha convertido”, comenta Pili. Su compañera Cinti añade que llegó a guardar en casa hasta más de cincuenta cajas.

En el actual local, junto al Teatro Florida, se encuentran de lunes a miércoles para recoger cualquier tipo de ropa; ellas van preparando y organizando todo lo que llega, distribuyendo las prendas por temporada, por tallas y por género. Luego, los viernes, de diez de la mañana a una de la tarde, organizan un mercadillo para aquellos que lo necesitan.

La respuesta a esta iniciativa solidaria se ha desbordado sobremanera. Los viernes de mercadillo acuden tantas personas que hasta han tenido que establecer un orden para la recogida: “se les da su numerito, van entrando de cinco en cinco y tienen media hora para coger todo lo que les dé la gana. Luego le hacemos fotos a todos los bolsos para que los que donan vean lo que se está haciendo”, explica Pili.

“En mi casa me dicen que mira que con las pechás de trabajar que te metes ahí, todo el día ahí metida y que no ganáis nada, déjate y descansa. Pero no puedo, a mí esto me encanta. Esto es que te da vida”.

Hasta ‘Ayuda Algeciras’ llega ropa de toda la comarca: “tenemos muchas anécdotas de perdernos en sitios que no habíamos estado nunca. La gente tiene tanta necesidad que vive en chabolitas perdidas, en sitios tan rebuscados, sin carreteras ni nada, que nos ha pasado de meternos en caminos y pensar: llama a la policía porque nos hemos perdido”, comenta entre risas Cinti.

Además, no sólo llega ropa de todos los rincones, sino que también la envían. Habitualmente, a través de una conocida, mandan ropa a Perú. Incluso, el año pasado, también enviaron más de cincuenta cajas para los refugiados sirios. En ‘Ayuda Algeciras’ tienen prendas de todo tipo; desde disfraces y vestidos de flamenca, ropa de graduación y comunión y hasta trajes de caballero.

Asimismo, puntualmente, disponen de otros objetos donados como sillitas y carritos de bebés, sillas de ruedas y también “tenemos dos camas para personas mayores enfermas prestadas, pueden utilizarlas todo el tiempo que haga falta, pero cuando terminen tienen que devolverlas, no queremos perderles el rastro, para que luego la pueda utilizar otra persona”, señala Pili.

A este comprometido grupo de algecireñas le gustaría poder abarcar mucho más. Sin embargo, no cuentan con suficientes medios humanos ni técnicos para dedicarse a otro tipo de donaciones, como por ejemplo la de alimentos.

Pero, a pesar de la falta de tiempo y recursos, ellas no pueden evitar entregarse; su vocación social las empuja a enrolarse en cualquier iniciativa, más allá de la ropa. Así, a una joven le consiguieron esmaltes y otros utensilios para trabajar poniendo uñas. En otra ocasión, también reunieron para ponerle la vacuna del papiloma a otra chica. Incluso han logrado amueblar casas enteras. “Nosotras somos intermediarias, y siempre tenemos a la gente en mente, intentado ayudar en todo lo que nos vamos enterando. Siempre pedimos que si alguien va a tirar algún mueble que lo comunique, y en el grupo ponemos a las personas interesadas en contacto”, señalan.

“Al final esto se convierte en una familia, trabajamos como un equipo, aquí nos apoyamos y todas nos encargamos de todo”.

En estos momentos se encuentran desbordadas, les faltan manos y les sobra mucha ropa. En su local apenas hay espacio para trabajar. Las cajas de ropa se amontonan por decenas y decenas hasta el techo. Así que animan a todo aquel que lo necesite a que se acerque: “no pasa nada por recoger ropa usada. Toda la vida ha existido el trueque, de siempre se ha utilizado la ropa de unos hermanos a otros, de unos primos a otros. La ropita se lava y se queda nueva”, explica una de las voluntarias.

Y es que el espíritu solidario de estas valientes no acaba aquí. Desde hace dos años también organizan una campaña de Navidad para los más pequeños. El año pasado asistieron más de ochenta. “Ponemos una mesa con cientos de peluches, cuentos, juguetes de segunda mano y también vienen los tres Reyes Magos”, señala Adela. “Este año nos gustaría dar algunos juguetes nuevos porque también se lo merecen”, añaden. En estas Fiestas de Navidad cada niño también recibe una bolsita de chuches, pastelitos y zumos. “Todo donado por la gente de a pié, por los vecinos. Dona más el que menos tiene”, coinciden en señalar.

Las dimensiones de este proyecto han crecido tanto que, en ocasiones, resulta muy duro: “a veces estamos cansadas, no tenemos tiempo suficiente, pero no podemos dejarlo. Esto se ha convertido en algo tan grande que hay que seguir tirando como sea. Empezamos de la nada y esto cada vez va subiendo para arriba. En un principio éramos seis y ahora solo tres, porque es que esto ya se ha convertido en un trabajo”, comenta Pili.

Todo esto donado por la gente de a pié,por los propios vecinos. Siempre dona más el que menos tiene”

En este sentido, en este trabajo, es importante mantener algo de distancia: “te tienes que poner una coraza. A lo primero me involucraba mucho, tanto que ni dormía”, añade Pili. Sin embargo, a estas luchadoras anónimas les cuesta poner tierra de por medio: “ves cosas al cabo del día que muchas veces no lo hemos podido remediar, y aunque no teníamos, hemos puesto dinero entre las tres, lo que hemos podido, para comprar comida o hasta una bombona de butano”.

En un futuro cercano, Adela, Pili y Cinti quieren registrar ‘Ayuda Algeciras’ como asociación. Aunque para esto, señalan que lo primero que necesitan es un local-sede con todas las condiciones y garantías de seguridad. Este es su principal objetivo y máxima prioridad: “aquí no tenemos baños, no tenemos agua, aquí se te cae una caja encima y es un peligro”, comentan.

Estas tres voluntarias amas de casa no dudan en restar parte de su tiempo de tareas del hogar, de estar con la familia, de descanso y disfrute para dedicárselo a los demás, a cambio de nada o mejor, a cambio de todo, porque aseguran que con este trabajo siempre son ellas quienes más reciben.

“En mi casa me dicen que mira que con las pechás de trabajar que te metes ahí, todo el día ahí metida y que no ganáis nada, déjate y descansa. Pero no puedo, a mí esto me encanta. Esto es que te da vida”, señala Adela.

A mí esto desde siempre me ha llamado. Mi marido es pintor y cuando me decía: mira que fulanita va a quitar el dormitorio; yo le contestaba: ay qué pena, tráetelo que ya buscaré a alguien a quien le haga falta”, comenta Pili.

Cinti también explica que: “yo llevo toda la vida así, cuarenta años donando. Al final esto se convierte en una familia, trabajamos como un equipo, aquí nos apoyamos y todas nos encargamos de todo”.

Y es que con más o menos seguidores, con más o menos cajas de ropa, con más o menos local; lo que sí es seguro es que este grupo de algecireñas tienen una sensibilidad especial, una clara vocación social con la que se nace y que les hace de otra pasta, más comprometida, más justa y solidaria. Ojalá todos aprendiésemos un poco más de Adela, Pili y Cinti.

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